Teatro de los

Siglos de Oro






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Artículos de RSD sobre teatro


De cómo y por qué el teatro de los Siglos de Oro.— El gusto primero del teatro creo que me viene bastante del circo, una fiesta que siempre me maravilló de pequeño. Luego vino Primer Acto, y Los Goliardos, y todo aquel movimiento de los 60, por los mismos años en que pudimos descubrir a García Lorca después de haber leído a escondidas a Marx y hasta a Unamuno, que también eran ganas de leer a escondidas.

El espacio tranquilo de la universidad de Trois-Rivières —que acoge también materialmente estas páginas— me ha permitido volver a mi primer amor por el teatro, pegado a la rueda de ese magnífico corredor de fondo que es Alfredo Hermenegildo, mi vecino de Montreal, a 150 km.

¿Cuáles son mis intereses de investigación? Sobre todo la incorporación del análisis infoasistido al teatro hispánico de los Siglos de Oro y contribuir de esa manera a la apropiación colectiva de una nueva informática de texto, sensible al hecho filológico y abierta a las dimensiones propiamente teatrales del corpus que nos ocupa: las alteraciones de la estructura de comunicación (teatro en el teatro, apartes, etc.), el juego de presencias, la enunciación, las marcas de segmentación... Todo un conjunto de "meta-datos" que, junto con las didascalias, constituyen las pautas de la representación anticipada en los mismos textos.


Artículos de AH sobre teatro


De cómo y por qué el teatro de los Siglos de Oro.— En este inmenso mar que es la literatura, la llamada del teatro fue una temprana señal en mi trayectoria de estudiante. He de decir que, en aquellos ya lejanos años, el teatro se me aparecía como otro producto más del esfuerzo poético creador. Exagerando un poco, me atrevería a decir que la única diferencia con la novela o la épica se manifestaba en la distinta colocación del texto a lo largo y ancho de la blanca página. Así estudiábamos el teatro en la Universidad Central de Madrid, como se decía en los años cincuenta.

El cambio de país, el encuentro con otras culturas, con prácticas escénicas nuevas, con un nuevo concepto del análisis literario, con colegas reunidos en torno al hecho preciso de la representación teatral..., todo ello me empujó por caminos de renovación. Almagro, El Chamizal, El Paso, Ciudad Juárez, Elche, Almería. Todos y cada uno de esos lugares me han abierto nuevos circuitos y vías de acercamiento a la escena. César, Paco, Arturo, Luciano, Evangelina, Luis, Antonio, Mercedes, Pepe, Ricardo, etc..., todos y cada uno han sido puntos de referencia, hitos fundamentales en mi propia renovación. Cada uno de esos nombres oculta unos apellidos que todos podrán reconocer. Y la empresa sigue y debe producir más frutos, al menos tan sabrosos como los que han ido surgiendo en nuestro caminar.

Desde aquellos trágicos del siglo XVI hasta la ordenación de ese modelo del personaje dramático que sale a la luz en estos días, las ediciones de textos dramáticos clásicos, la búsqueda y delimitación de un marco capaz de ordenar las marcas de representación, los varios intentos de fijación de lo que pudo ser la puesta en escena primordial de ciertos textos del siglo XVI..., el camino ha sido largo. He de decir también que sus vericuetos y encrucijadas han estado, y están, llenos de sorpresas y de descubrimientos insospechados. Por ahí tengo la intención de continuar. El sendero está abierto y no tiene final. ¡Qué más puede soñar quien lleva la curiosidad clavada en lo más hondo de su persona!






Última revisión
de esta página:
  19 de octubre de 2012




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