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Diálogos más bien artistotélicos sobre teatro
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Séptimo diálogo, sobre Les intermèdes de Cervantes, en el «Centre National des Arts», Ottawa, noviembre de 1999
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ALFREDO HERMENEGILDO.- ¡Otra vez Cervantes, socio!
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RICARDO SERRANO.- ¿Otra vez Cervantes? ¿Cómo es eso?
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ALFREDO HERMENEGILDO.- Pues sí, la conmemoración de las fechas cervantinas en los meses pasados ha traído sus consecuencias. Ya hablamos hace algún tiempo de la espléndida dramatización de textos quijotescos puesta en la escena del Teatro du Nouveau Monde de Montreal.
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RICARDO SERRANO.- Puesta en escena que, por cierto, sigue apareciendo en los escenarios con la corta e irregular vida que el sistema teatral de Quebec atribuye a las obras que triunfan. El abono de los espectadores a un conjunto fijo de obras programadas quita irremediablemente del cartel toda pieza, por mucho éxito que haya tenido. Son los imperativos de la comercialización en un espacio relativamente limitado por su poca población. ¡Qué le vamos a hacer!
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ALFREDO HERMENEGILDO.- Yo vuelvo a lo de «Otra vez Cervantes». Don Miguel y sus criaturas siguen paseándose por los escenarios canadienses. Ahora les ha tocado el turno a los entremeses.
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RICARDO SERRANO.- Es verdad que los entremeses suelen representarse en las universidades canadienses y norteamericanas como ejercicios de clase o de clausura del año académico.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- No. Esta vez no ha sido así. La Compañía «Capharnaüm», de Montreal, constituida en agrupación profesional tras el fin de los estudios de sus miembros en «L'Option-Théâtre» del Colegio Lionel-Groulx, ha tenido la buena idea de llevar al tablado unos cuantos entremeses cervantinos.
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RICARDO SERRANO.- La buena idea va pareja con la osadía de utilizar, como pre-texto escénico, un conjunto de entremeses compuestos originalmente para representarse entre las jornadas de una comedia. Y no para yuxtaponerse, coserse y ensamblarse dentro de un espectáculo en que tal comedia no existe.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- Yo no sé lo que pesaría en don Miguel de Cervantes el entorno de la comedia a la hora de componer sus entremeses, que, dicho sea entre nosotros, sólo han llegado a nuestras manos en una edición hecha cuando su autor había renunciado a ver en el tablado sus criaturas dramáticas.
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RICARDO SERRANO.- ¡Bah! Ahí hay algo de artificio estratégico de don Miguel. Es cierto que el modelo lopesco de Comedia Nueva arrasó y dejó fuera de juego el teatro cervantino, que tenía unas características mucho más experimentales. Ahora que, puestos a hacer las cosas difíciles, la ristra de entremeses es propiamene el "más difícil todavía", ¿eh?
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ALFREDO HERMENEGILDO.- Estoy de acuerdo, querido Ricardo, en que representar un entremés tras otro, en el mismo espectáculo, es fórmula inviable, arriesgada y, generalmente, llamada a fracasar. Al fin y al cabo se trata, en tal ejercicio, de hilvanar, de modo artificial, unos cuantos entremeses que se suceden en escena. El resultado es un espectáculo en el que se asiste a la sucesión de diversas situaciones, de múltiples clímax, de distintos desenlaces. Podrían eliminarse uno o varios entremeses, o añadirse otros, sin que el espectáculo cambiara de modo significativo.
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RICARDO SERRANO.- Te veo venir. Ese fue el pecado de la representación ottawense. Es cierto que las compañías de aficionados, grupos universitarios, etc., recurren a los entremeses, sobre todo a los cervantinos, por su brevedad, por su gracia y porque utilizan personajes masculinos y femeninos, detalle este último que tiene gran importancia cuando se trata de integrar en el reparto un grupo de estudiantes de ambos sexos.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- Pues no fue así. Tienes razón en lo que dices. Enseguida se manifiesta ese fino olfato de Sherlock Holmes que te caracteriza. Esta vez era otra cosa. Y voy a contarte lo que vimos.
La compañía «Capharnaüm», en coproducción con el Théâtre français du Centre national des arts de Ottawa, con el Théâtre Les Trois Arcs, y con la participación de la «Option-Théâtre» du Collège Lionel-Groulx, ha montado un espectáculo titulado «Intermèdes», construido sobre textos entremesiles cervantinos y suficientemente adobado como para que el espectador pueda asistir a «una» obra perfectamente estructurada, variada en sus anécdotas salidas de los entremeses y terminada gloriosamente en la aventura final.
«La journée s'annonce torride alors que l'aube pointe sur la place du village de Villavicioso, quelque part en Espagne, au coeur du Siècle d'Or...» ¡Curioso, extravagante y anómalo nombre el que ha elegido la compañía para identificar el lugar! El espectador tiene ante sus ojos las casas apiñadas y estilizadas de un pueblo español que puede pasar a través del tiempo sin ninguna dificultad. Allí pudimos contemplar la casa de Leonarda y el viejo, la del Sacristán, la de Lorenza y la del barbero.
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RICARDO SERRANO.- Pero los personajes a los que haces alusión no aparecen en todos los entremeses cervantinos. ¿Qué obras utilizó el director de Capharnaüm?
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ALFREDO HERMENEGILDO.- El director, que se llama Ghyslain Filion, trabajó con «La guarda cuidadosa», «El viejo celoso» y «La cueva de Salamanca», para terminar con «El retablo de la maravillas», el genial entremés cervantino. Filion añadió un quinto entremés, «Le faux noble», situado entre «El viejo» y «La cueva». Es obra creada por el mismo director inspirándose de algún modo en «El vizcaíno fingido».
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RICARDO SERRANO.- ¿No es mucha anécdota para un sólo espectáculo?
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ALFREDO HERMENEGILDO.- Creo que no. A mí me satisfizo; me hizo pasar un buen rato. Y las personas con quienes asistí a la representación, Ana, Isabel, Merche, Paco y Javier. Te lo digo a ti, pero no eches las campanas al vuelo.... ¡Como esta página web no la lee nadie...!
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RICARDO SERRANO.- ¿Has mirado el contador de visitantes? Apuesto lo que quieras que es el mayor número de lectores que has tenido en toda tu vida. ¿A quién se le ocurre leerse el artículo científico medio, el libro erudito, sino a su propio autor, quien lo ha escrito para hacer curriculum? En fin, caricatura uno, pero algo hay de eso, algo.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- Voy a seguir con los entremeses. De publicaciones hablaremos otro día. Vuelvo a la frase que se ha interrumpido con un violento anacoluto. Claro, que también san Juan de la Cruz los hacía y ahí le tienes, en lo alto del collado literario dándole a la caza alcance. Las personas con las que asistí a la representación salieron encantadas también. Y tuvimos que hacer cuatrocientos kilómetros, de Montreal a Ottawa y regreso, para ver la representación.
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RICARDO SERRANO.- "Cómico de la legua" eres tú también un poco, Alfredo, ... y hasta de la lengua. ¡Ah ese follón nervioso de la llegada a Almería, a El Paso, ... lleno de expectativa y de amigos que uno no había visto desde..., desde el otro lado del mundo! Clásica prerrogativa de actores, de un tiempo a esta parte nos hemos enganchado también los filólogos (los "académicos", para entendernos, en plan anglicismo-para-andar-por-ahí), y hemos montado nuestro pequeño retablo de las maravillas en paralelo, y a veces hasta un retablo entra en el otro y el otro en el uno, con gran regocijo de todos.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- Viaje mágico es, tienes razón, por muchos conceptos. Porque el teatro lo es, para empezar. Un viaje, en el caso que estoy contando, a un pueblo castellano, que con sus cuatro casas, auténticas moradas teatrales, constituía el espacio escénico donde se iba a desarrollar la acción, las acciones. Un espacio común que permitía a los personajes pasar de una obra a otra. Al fin y al cabo, Cervantes hizo algo semejante recurriendo a tipos humanos repetidos y, en alguna ocasión, usando el mismo nombre. El caso de la criada Cristina es evidente.
He de decirte que el tal pueblo de Villavicioso recordaba, por su configuración, al «village» galo habitado por Asterix, Obelix y sus valientes y heroicos compadres. No sé si el autor de la escenografía se inspiró en el famoso cómic. En todo caso, también en Villavicioso había un personaje, el alcalde o gobernador, que intentó varias veces decir un poema para celebrar algo importante. El resto de los personajes le obligó a callar, como hacen los galos con el estrafalario bardo Assurancetourix.
El espectáculo deja bien al descubierto la habilidad femenina para burlar al viejo celoso, para entendérselas con el barbero y el sacristán, para preferir como marido al sacristán mejor que al soldado, etc... En el fondo, el espectador asiste complacido al desfile de engaños, de intrigas caseras, de hipocresías sin cuento, de cornamentas bien plantadas, etc... Todo ello se va desplegando en los cuatro primeros entremeses, como anécdotas propias de la vida cotidiana de un pueblo de aquellos que habitaron nuestros antepasados. «El retablo de las maravillas» cierra la obra, da el cerrojazo final a la vida diaria con la exhibición de la estupidez humana, del respeto y el temor al qué dirán.
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RICARDO SERRANO.- El inmortal «Retablo» se presta muy como Dios manda para burlarse de esa triste condición del hombre y de la mujer. Me parece una buena idea el haber coronado la serie de entremeses con este broche de oro, con este eficaz cierre dramático.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- Aquí tengo que poner ciertos reparos a la fórmula utilizada. Filion usa un retablo de dimensiones excesivamente reducidas. Una pena. Además prescinde de Chanfalla y utiliza un estudiante, un estudiantón, diría, yo, junto a la Chirinos, que aparece excesivamente marcada por los rasgos de la andante gitanería que Cervantes y el señor don Quijote me perdonen. Chirinos es una gitana que baila y canta. Me pregunto si el director de la puesta en escena no se ha dejado arrastrar por los encantos de la Esmeralda trazada por Victor Hugo en su «Notre-Dame de Paris» otra presencia cervantina, en el espectáculo que montó una compañía canadiense hace algún tiempo y que todavía sigue en la cartelera montrealesa. En todo caso, siempre es grande la tentación de marcar el exotismo, el «spainisdifferentismo» ¡bendito Fraga Iribarne, antiguo ministro de Información y Turismo! de una obra clásica de España montada en las lejanas tablas de cualquier país ajeno a las culturas hispánicas. Pero salvando este detalle, que en más de una ocasión y en otros contextos nos hemos tenido que tragar, el espectáculo fue estupendo. Yo sé que no te gusta el uso de estos adjetivos para hacer crítica literaria. A mí tampoco. Es que en este momento estaba contándote a ti, al amigo, cómo se desarrolló aquella representación.
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RICARDO SERRANO.- De modo que la acumulación de entremeses funcionó bien...
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ALFREDO HERMENEGILDO.- Funcionó bien porque no era acumulación, sino integración en un todo bien ordenado. Es curioso que el director haya pasado de unos entremés a otros recurriendo al uso de unos segmentos o enlaces que podrían llamarse «sub-entremeses». Perdóname la palabreja. Es decir, ha conservado de algún modo la estructura del espectáculo áureo y ha introducido una especie de escenas, de «gags», de música y canto, de auténticos «lazzi» para llenar el tiempo vacío entre las jornadas. En este caso, entre los entremeses. Una buena muestra de la comprensión del espectáculo del Siglo de Oro.
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RICARDO SERRANO.- ¿Y cómo reaccionó el público?
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ALFREDO HERMENEGILDO.- Muy bien. Los miembros de la compañía seis mujeres y seis hombres se apropiaron con mucha habilidad y convicción del espacio escénico, de la intriga y, sobre todo, de los personajes que les tocaron en suerte. Estoy seguro de que los volveremos a ver en los teatros comerciales o en la televisión. Me parecieron muy ajustados al proyecto común de la puesta en escena. Y sin embargo la crítica del periódico local fue poco elogiosa, por no decir negativa. Yo creo que su autor y nosotros, los viajeros montrealeses, no vimos la misma obra, a juzgar por el resultado de nuestras impresiones.
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RICARDO SERRANO.- ¡Pues siento no haberla visto!
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ALFREDO HERMENEGILDO.- Creo que vendrá a Montreal dentro de poco. No te la pierdas. En todo caso, el hecho de que Capharnaüm haya elegido los entremeses cervantinos y los haya hecho suyos, es algo que al curioso lector de Cervantes, al asiduo espectador de unas obras que casi nunca se representan gloria y loor a Manolo Canseco que nos ofreció aquella espléndida «Numancia», al estudioso del teatro cervantino les llena de emoción. Cervantes sigue cabalgando, incluso lejos de su tierra, a lomos del Rocinante quijotesco, a lomos de la desbordada, aguda y dolorosa crítica de su obra literaria. La versión de Capharnaüm debiera presentarse en España.
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