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Teatro de los
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1er diálogo: qué es teatro 2º diálogo: Elche 3er diálogo: don Quijote en Montreal 4º diálogo: innumerables dramaturgos 5º diálogo: Benavente al fondo 6º diálogo: de Juan del Encina 7º diálogo: Cervantes-Ottawa 8º diálogo: En memoria de Félix Carrasco 9º diálogo: Sobre Ubu rey 10º diálogo: Sobre La Aldehuela Segundo diálogo, desde el otoño de ElcheOtoño de 1997 ALFREDO HERMENEGILDO.- Hace tiempo que nuestro diálogo se ha detenido. Las buenas intenciones, el deseo, las ganas... no han faltado, pero han surgido otras preocupaciones con más capacidad de presionar sobre la disponibilidad de uno. ¿Cómo hacen algunas personas, cómo se las ingeniaban Aristóteles o el Pinciano para hablar con autoridad sobre todo lo divino y humano?
Volvamos al teatro, a nuestro teatro, querido Ricardo. Acabo de pasar quince días envuelto en tramoyas, discusiones, espectáculos, actores, directores, puestas en escena, fiestas populares, etc., etc. Y no quiero que el resultado de mi experiencia quede escondido entre los pliegues de un saber cada vez más necesitado de aprender. Cádiz. El XI Festival Iberoamericano de Teatro. Había allí una muestra de mil aventuras de creación escénica. Bolivia, Cuba, Chile, Colombia (5 espectáculos), España (6) y México (4) ofrecieron formas distintas de producir esa magia del encuentro entre el actor, el bailarín, el mimo... y el espectador. No te voy a hacer una reseña de lo que allí vi. Quiero sólo comentarte dos presentaciones que tocan directamente el teatro del Siglo de Oro. En primer lugar, el Teatro Camino, chileno, ofrecía una narración de La vida es sueño, hecha por Héctor Noguera. Un actor que cuenta, texto calderoniano en mano y con una mínima utilización del espacio y de los accesorios escénicos, una buena parte de lo que hay en la famosa comedia. El espectador asistió complacido, lo que es la razón primera de ser para un espectáculo. Noguera hace llegar el relato hasta un público que aprende así lo que Calderón dejó en su texto. Que en un festival, donde abunda la experimentación teatral y el texto recién hecho, aparezca una comedia clásica es algo digno de señalarse y de imitarse. Queda siempre abierta la pregunta de por qué no se representa la obra misma. Las razones económicas parecen estar en primer plano. Aún veo la cara de ciertos amigos, expertos en comedia áurea, a quienes disgustó sobremanera el espectáculo. Pero ahí queda mi opinión. Yo pasé un buen rato, y no fui el único.
La Compañía Nacional de Teatro Mexicana, dirigida por Héctor Mendoza, ofreció una versión muy modificada de la alarconiana comedia La amistad castigada. En el texto se dieron la mano Ruiz de Alarcón y Héctor Mendoza para ofrecer un espectáculo en que aflora una reflexión, muy acertada, sobre la vida política. La comedia de Alarcón me parece de las más mediocres de su repertorio. Mendoza ha camuflado la debilidad de la anécdota ocultando o, mejor, emborronando la identidad de los personajes. Todos y todas aparecen vestidos con un hábito frailuno que viene a igualar sus particularidades. He de decir que la primera parte del espectáculo retrasa indebidamente la identificación de los personajes por el espectador. Pero la segunda parte, en que se abandona el texto alarconiano y se organiza, en torno a una gran mesa conventual, una discusión animada y envolvente sobre la vida política, el poder, la disputa del trono, la condena, el exilio, etc..., adquiere una potencia escénica de que carece la primera. Algo quedó bien claro. Un texto antiguo puede ocultar, en los recovecos de una anécdota a veces poco atractiva y con frecuencia caduca, las líneas maestras de un conflicto central en la experiencia humana. La difícil primera parte deja paso a un segundo acto en que se hace evidente algo que preocupa al espectador de hoy: la irreparable lucha política por hacerse con el poder. Había en escena unos cuantos espléndidos actores que hicieron posible, apoyando y haciendo suya la propuesta de Mendoza, la actualidad de una pieza olvidada.
RICARDO SERRANO.- Pues sí. Se nos han olvidado al menos dos cosas en relación con ese enorme corpus que representa el teatro hispánico del XVI-XVII: una, que no hay mayor diferencia entre montar a Calderón o a Alarcón y montar un espectáculo de rock; dos (contenida en una), que Calderón y Alarcón y todos los otros encierran una potencia revulsiva que para sí la quisieran muchos cantantes de rap y que reaparece nada más arañar un poquito las cubiertas plastificadas de las culturas oficiales y los falsos respetos de buen gusto institucionalizado.
ALFREDO HERMENEGILDO.- De Cádiz pasé a Elche, la ciudad de las palmeras, el oasis levantino, el lugar donde cada año se hace una de las representaciones más bellas del repertorio nacional. El Misteri d'Elx, el Misterio de Elche, es, por su historia, por su larga trayectoria, una muestra de esas manifestaciones populares que han pasado a través de los siglos y continúan teniendo toda la frescura, la ingenuidad y la potencia teatral que le da la voluntad popular cada vez que asiste complacida a la representación.
No te voy a hablar del Misteri, aunque tal vez sería bueno que lo hiciéramos algún día. Por otra parte, no estoy seguro de que el espectador esté ante una obra estrictamente teatral. Es otra cosa. Es mucho más. Baste decirte por hoy que, en torno a la representación del Misteri que cada dos años se hace el día de Todos los Santos dejo de lado la que tiene lugar anualmente el 15 de agosto, Elche y la Comunidad Valencia organizan un Festival de Teatre i Música Medieval. El cuarto de una serie que Evangelina Rodríguez Cuadros y Luis Quirante abrieron gloriosamente y con un gran olfato. Ahora, bajo la dirección serena y eficaz de César Oliva, se han dado cita los intérpretes de un cuidado repertorio musical: Amancio Prada (romancero, Juan del Encina, Teresa de Jesús, Lope de Vega, Juan de la Cruz y Rosalía), el Grupo de Música Antigua con unas espléndidas Cantigas de Santa María, el Coro Ortodoxo Búlgaro y el Cor de València.
La parte teatral incluía una Danza da la muerte montada por Guillermo Heras con actores aficionados espléndidos actores salidos del pueblo ilicitano, la tragedia italiana Il soldato, del renacentista Angelo Leonico, y el Bululú irlandés, de Denis Rafter. Y abriendo las puertas teatrales a la presencia y participación del público, el teatro y el espectáculo de calle: San Jorge y el dragón (Elfo-Teatro), los titiriteros de Binéfar, la Santonada de la Todolella, el esplendoroso montaje Veles i vents de Xarxa Teatre. Diablos, santos, marineros, fuerzas de la naturaleza, fuegos artificiales, hogueras, público adulto, niños, clérigos, autoridades civiles, todos mezclados, apretados y emocionados ante el hecho clave de la representación de algo que llevan dentro. Esa es la magia del teatro, del espectáculo. La dirección del festival, el pueblo de Elche y los grupos participantes supieron poner a contribución sus respectivas sabidurías. El resultado fue espléndido. Y la siembra debe dar otros frutos y semillas que germinen en años venideros.
RICARDO SERRANO.- Lo que no me dices, Alfredo, lo que no nos dices es cuál era el papel de Alfredo Hermenegildo en ese tinglado, que alguna que otra vez abriría la boca el de Burgos...
ALFREDO HERMENEGILDO.- El Festival de Elche perdería algo de su esplendor si se prescindiera de la parte más reflexiva, más académica, menos visceral. Y conste que uso la palabra «visceral» con la reverencia propia de quien «disfruta sintiendo» en lo más profundo de su alma. Pero la congregación de tantas fuerzas teatrales exige prácticamente la reflexión serena sobre ese fenómeno social que vive en todo espectáculo. Por eso, ya desde el primer festival de Elche y formando parte de él, se organizó un Seminario en torno a diversos aspectos del teatro medieval surgido en todo el ámbito del occidente europeo. Esta vez ha sido Josep Lluìs Sirera quien, dentro del marco del festival montado por César Oliva, ha organizado y dirigido el encuentro sobre D'el actor medieval als nostres dies. Durante tres días se pasó revista a lo ya conocido sobre el tema, se mostraron los resultados de nuevas indagaciones científicas y se apuntaron perspectivas de estudio que habrá que explorar. Evangelina Rodríguez, Carles Miralles, Federico Doglio, Pilar Lorenzo, Josep Lluìs Sirera, Paola Ventrone, Joan Castaño, Manuel Ramos, Francesc Massip y este tu amigo, fueron desplegando ante el público sus variadas reflexiones. Una parte no desdeñable del Seminario trató ciertos aspectos internos de la representación del Misteri. Con ella habrá que contar para futuros trabajos sobre la magna obra. No te haré aquí una exposición detallada de todo lo que allí se expuso. Sería poco pertinente. En todo caso las Actas darán cuenta exacta y exhaustiva de las distintas ponencias.
Tres asuntos quedan abiertos tras la experiencia del viaje. Por una parte el eterno tema de la vitalidad de los clásicos. En segundo lugar la necesidad de seguir hablando sobre el Misteri d'Elx. Finalmente, la dinámica conjunción del espectador y el actor cuando el espectáculo los junta y los mezcla en el amplio espacio de las calles y plazas. No olvidemos, Ricardo, el hondo sentido de las celebraciones clásicas del Corpus y de los autos sacramentales. Es necesario indagar en las bases estéticas, sociológicas, antropológicas, religiosas que alimentaron el auto sacramental espectáculo sacro y las que hacen vivir esa nueva expresión teatral tan vigente en el espacio español (La Fura dels Baus, Xarxa Teatre, Els comediants, etc...) y tan desacralizadora de la práctica escénico-callejera vigente en El gran teatro del mundo calderoniano. Ya seguiremos hablando... 1er diálogo: qué es teatro 2º diálogo: Elche 3er diálogo: don Quijote en Montreal 4º diálogo: innumerables dramaturgos 5º diálogo: Benavente al fondo 6º diálogo: de Juan del Encina 7º diálogo: Cervantes-Ottawa 8º diálogo: En memoria de Félix Carrasco 9º diálogo: Sobre Ubu rey 10º diálogo: Sobre La Aldehuela |
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