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Diálogos más bien artistotélicos sobre teatro
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Décimo diálogo,
La Aldehuela de Lope a escena Diciembre de 2008 Lope de Vega, La Aldehuela y el Gran Prior de Castilla,
Introducción, edición y notas de Ricardo Serrano Deza,
Ávila, Institución Gran Duque de Alba, 2007.
ISBN 978-84-96433-54-0
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ALFREDO HERMENEGILDO.- Ya se dice que en casa del herrero, cuchillo de palo. A finales del verano de 2007 salió la edición de Ricardo de la comedia lopesca La Aldehuela y el Gran Prior de Castilla pero de cosa urgente para mañana a cosa urgente para ayer hasta hoy no ha habido ocasión de hincarle el diente a esa edición. Claro, mi compañero y discutidor en estos Diálogos es ahora arte y parte, pero eso mismo quizá nos ayude a aclarar algunos intríngulis de esa preciosa comedia de Lope. Ataquemos pues la tarea, Ricardo, y hablemos un poco de tu trabajo, así como de la visión que de la obra se te ha ido formando tras largas horas de empeño y reflexión.
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RICARDO SERRANO.- De mi trabajo como tal me queda un doble regusto. De satisfacción primeramente, por las razones que iré exponiendo más adelante, por la atención que me ha brindado la Fundación Gran Duque de Alba, pero, sobre todo y ante todo, por la ilusión que la edición ha suscitado entre los vecinos de La Aldehuela, el pueblo, que existir existe por tierras abulenses del Corneja, y es allí lugar lopesco también donde ocurre lo más interesante de la comedia. Luego, siempre le salta a uno también esa última y pertinaz errata, que el vaivén de las galeradas con la imprenta mucho ha sido, pero, ay, no siempre eficaz. Y le asaltan también los resquemores de lo que se podía haber incluido, de lo que se podía haber mejorado.
Con todo, la aventura tiene para mí un balance casi conmovedor: una señora de La Aldehuela me dijo tiempo después que había leído parte de los versos y que lo otro se lo habían leído las nietas. Otro señor me dijo que lo mío era un rollo (los abulenses siguen teniendo la buena costumbre de hablar claro), pero que la comedia era muy bonita.
María la molinera está ahora ahí, entre su gente. El objetivo está, mal que bien, cumplido.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- Ya sabes que no me gusta hacer reseñas. Pero las columnas de esta página y los diálogos que, de vez en cuando, llevamos a cabo tú y yo me parecen el marco ideal para intercambiar opiniones. ¿Por donde te parece que abordemos La Aldehuela?
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RICARDO SERRANO.- Pues lo dicho, empecemos por María la molinera. Ella es quizá la verdadera protagonista de la comedia de Lope, la que da el primer paso en el acercamiento amoroso, la que alienta la ambición del hijo, la que acude a sacarlo, manu militari, del encierro a que había sido sometido.
María es una moza radiante en la que late una mujer sencilla, pero una mujer que sabe respetarse e inculcar ese respeto en su hijo Fernando. El tiempo va pasando por ella mientras ese hijo concebido con el duque de Alba se hace un hombre y sigue la carrera militar de su padre.
En la toma de Mons, Fernando se distingue por su valor y su padre le reconoce públicamente como hijo. El hijo, a su vez, abraza a una pobre peregrina que ha seguido sus pasos desde La Aldehuela: su madre. El círculo del reconocimiento y de la reunión de dispares está cerrado.
Pero quizá los dos momentos realmente sublimes de María son, primero, su inicial presentación, tras una alegre alborada de los campesinos que va acercando el foco de la acción a la ventana de la molinera, donde esta aparece. Segundo, el encuentro amoroso con el duque, a quien María declara su amor, por él mismo, no por lo que tenga o represente.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- Dime. ¿Cómo empezaste a preocuparte por la comedia lopesca y por el asunto que encierra en sus versos, en sus actos, en sus personajes, en su proyecto de representación?
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RICARDO SERRANO.- A La Aldehuela llegué como se llega muchas veces a un texto, sobre todo a un texto teatral: leyendo a caballo entre el texto mismo y el espacio donde se representa, que aquí es casi también el espacio donde se escribe.
Llegué en efecto a La Aldehuela por "cercanía espacial". Desde hace tiempo, cada vez que paso por Ávila, me detengo siempre en la capilla de San Segundo de la Catedral, que fue la de Lope en su segunda etapa abulense. Es como llenarse del espacio del poeta, seguir en directo la escritura de su comedia San Segundo de Ávila y asistir a la primera representación en la Catedral o en el cercano corral de comedias de La Magdalena.
Me faltaba el espacio del otro Lope abulense, el de su etapa de secretario del duque de Alba por tierras de Piedrahita, El Barco de Ávila y Alba de Tormes. Por eso, cuando vi la primera noticia de La Aldehuela, empecé a buscar ediciones (muy pocas, ninguna realmente disponible) y fuentes antiguas.
Menéndez Pelayo picó mi curiosidad especialmente con el elogioso prólogo que dedicó a la comedia en su vieja edición. Pero además, cuando encontré una suelta del XVIII (uno de esos pliegos en que se imprimían textos teatrales con mejor y, sobre todo, con peor fortuna) en la sala Cervantes de la Biblioteca Nacional de Madrid, su portada mostraba todavía la marca manuscrita "Buena" con que, según las habladurías de la casa, el agudo lector que era Menéndez Pelayo "identificaba" las comedias que le gustaban.
De modo que así llegué a La Aldehuela: desde la Catedral de Ávila y el río Tormes, y de la mano de Menéndez Pelayo, lo que no es poca cosa.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- Háblame de la versificación. Me ha quedado el recuerdo de que la comedia conserva algunos versos irregulares, anómalos o imperfectos. Llámalos como quieras. En concreto, recuerdo los que llevan los números 621, 1020 y 1060. Supongo que esto te ha creado algún problema para fijar el texto. ¿Me confundo?
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RICARDO SERRANO.- Vamos a ver, tenemos el texto que tenemos y no otro: la fuente más fiable que nos ha llegado de La Aldehuela es un manuscrito, firmado en Toledo el 6 de mayo de 1623 por un tal Martín Nabarro. Se trata seguramente de una copia de compañía de las que se empleaban para memorizar el texto y preparar la puesta en escena. De hecho, he encontrado noticias concretas de que una copia anterior fue objeto de contrato entre compañías en 1618.
Ahora bien, sabemos positivamente que de esas copias hacían a menudo los representantes de su capa un sayo, es decir, que las enmendaban a su guisa según sus necesidades. Lo que significa en definitiva que tenemos un texto asendereado y trabajado, en el que sigue notándose la mano de Lope, pero donde los arreglos buscan las rimas fáciles y hasta llegan a romper puntualmente la estructura métrica.
Hay que preguntarse ciertamente por qué Lope no recoge La Aldehuela en ninguna de sus dos listas de comedias (¿a causa de los altibajos de sus relaciones con la familia Alba?) ni tampoco en ninguna de las Partes. Quedó sólo pues a La Aldehuela la (mala) fortuna de la obra huérfana, la de las sueltas del XVIII, la de los caminos de los cómicos, que son a la postre los del olvido, hasta llegar a la crítica moderna.
Sentadas estas premisas, veamos lo que ocurre con los versos atípicos que mencionas, empezando por el 621,
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DUQUE
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610
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... ...
Ninguna joya ha querido
más de la palabra mía
de que siempre la querría.
Amante y agradecido vengo;
achaque he de buscar
para enriquecerla agora.
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620
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verso donde parece haber sido añadido el verbo "vengo", que rompe el octosílabo, la rima de la redondilla y hasta la estructura de la frase. ¿Por qué ha sido introducida la palabreja? Seguramente obedeciendo a la intención de un actor de hacer bien explícita la vuelta del duque tras el encuentro con María en el molino.
Los versos 1020 y 1060 presentan anomalías de otra naturaleza, más propiamente textuales, ya que son inclusiones de un refrán que le vino a Lope muy a propósito para la traza pero que es claramente anterior a la comedia:
Más mal hay en la aldehuela
de el que se suena.
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Y es que en el uso del refrán y de la canción popular la comedia es prolija, como ocurre en otras muchas del poeta.
Por lo demás, el conjunto de la estructura metrica de La Aldehuela cuadra con la evolución del modelo lopesco y permite a Morley y Bruerton fechar la pieza entre 1612 y 1614.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- Has tratado la masa textual de la comedia como un conjunto de signos que se pueden agrupar en función de ciertos criterios para conseguir identificar determinados rasgos de la dramatización...
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RICARDO SERRANO.- En el principio era el espacio, ya lo dijo Peter Brook, un espacio que es aquí real (desde Piedrahita hasta El Barco de Ávila), pero es también un espacio simbólico-político: es el dominio de los Alba (donde Lope trabaja como secretario del quinto Duque entre 1591 y 1595). No es sin embargo La Aldehuela, como pudiera pensarse a partir de estos presupuestos, una obra de enaltecimiento de los Alba. Se da más bien en la comedia un complejo cruce de personajes reales (el Gran Duque, su hijo Fadrique y su nieto Antonio), sobre los que públicamente vuela la repetida sombra de haber contraído matrimonio sin la necesaria autorización real. Eco de este rastro, el duque de la comedia es un personaje profundamente humano.
Ahora bien, la situación central de la comedia va más allá, es la del amor desigual entre el duque y la molinera. ¿Cómo hacer aceptable ese amor? ¿Cómo romper la fuerza del maldiciente refrán que el mismo Lope recoge como un reto? ¿Cómo hacer que el ambicioso hijo no reniegue de su madre humilde? Ese es el encaje de bolillos que aquí se teje.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- Has examinado los datos sobre las formas léxicas más frecuentes a lo largo de comedia. ¿Podrías añadir algún elemento explicativo en torno a esta dimensión de tu estudio?
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RICARDO SERRANO.- En el léxico todo cuenta incluso los llamados hápax, las formas de una sola ocurrencia en el texto pero, con las palabras semánticamente llenas, ocurre lo mismo que con la publicidad: terminan quedándose en el aire aquellas que se repiten con machacona insistencia.
Entre estas últimas formas y empezando por los sustantivos, saltan los que expresan sentimiento, el amoroso ante todo, cosa no rara en la Comedia Nueva, que es al fin y al cabo la fiesta del amor. Siguen los que expresan relaciones familiares basadas en la identidad, como hijo-padre. Y aparecen finalmente, en aras de la revelación guerrera del hijo, un buen número de formas relacionadas con la vida militar.
En cuanto a las formas "relacionales", hay que notar ante todo una abundancia significativa de formas de la primera persona, ya que estamos aquí ante una problemática de identidad y reconocimiento. Ello mismo implica que las partículas que marcan oposición o negación (correlatos de la identidad) alcanzan un alto valor de frecuencia.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- ¿Cómo favorece la comprensión del texto y de su potencial escenificación el análisis de la distancia léxica? ¿Podrías explicarme, en primer lugar qué es la distancia léxica?
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RICARDO SERRANO.- Los análisis de distancia léxica relativa no permiten la mejor comprensión del texto o al menos no la permiten en el estado actual de la cuestión, donde carecemos todavía de amplios corpus establecidos y digitalizados de manera coherente.
Lo que permite revelar la medición de la distancia léxica relativa es si entre dos textos dados hay o no (o hasta qué punto) "comunidad de léxico". El procedimiento para realizar esta medición es absolutamente trivial y debe ser desmitificado: se trata simplemente de la suma de las proporciones de formas específicas (exclusivas), sobre el total de formas, que cada uno de los textos contiene.
La medida de la distancia léxica relativa entre dos textos no significa nada en sí, pero haciendo el ejercicio entre un buen grupo de textos pertinentes siempre dos a dos se obtiene un "mapa" de cercanías y lejanías relativas que permite reunir los textos en grupos consistentes.
La distancia léxica relativa no es una prueba de autoría, ni de datación, ni de temática, sino un instrumento adicional que puede ayudar en esas operaciones.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- ¿Qué repercusión tiene en la atribución de la comedia a Lope de Vega, atribución que se ha puesto en tela de juicio?
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RICARDO SERRANO.- Tanto la medición de la distancia léxica relativa efectuada en La Aldehuela como la de la métrica efectuada por Morley y Bruerton en su clásico estudio nos llevan al mismo periodo de creación lopesca (1612-1614). No está mal de entrada. Si a eso añadimos las épocas abulenses de Lope y sus relaciones con la casa de Alba, es realmente difícil escapar a una atribución probable o muy probable a Lope.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- La identificación de los tres grandes focos de la enunciación, María, el duque y Fernando, separa claramente esos tres personajes del resto de los figuras. ¿De qué modo se marca tal división en el análisis que has hecho en torno a la distancia léxica?
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RICARDO SERRANO.- Es posible, naturalmente, hacer una medida de la distancia léxica relativa entre lo enunciado por un personaje y lo enunciado por otro. Ahora bien, para la focalización a la que te refieres yo he empleado otra vía: primero he medido el número de palabras, de versos y de réplicas dichos por cada personaje. Esta operación sumamente sencilla una vez que se dispone del texto digitalizado en un formato adecuado revela en La Aldehuela que los tres principales personajes, el duque, María y el hijo de ambos, enuncian el 50% de los versos de la comedia.
¿Y cómo se relacionan cada uno de estos tres principales focos de la enunciación con lo dicho? Tanto la lectura directa de la comedia como otros análisis más sofisticados permiten establecer que las figuras del duque y de María están unidas a las formas léxicas "amor" y "molino" y a la primera jornada, mientas que Fernando aparece más ligado a otras preocupaciones (de honor y de identidad) así como a las jornadas posteriores.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- La nómina de personajes es muy larga. ¿Dónde se sitúa en comparación con la media de la comedia lopesca?
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RICARDO SERRANO.- Veintinueve personajes muchos son, efectivamente, aunque en las comedias lopescas de esos años no es imposible encontrar esa profusión.
Ahora, ¿tiene eso algún significado dentro del conjunto de la obra de Lope? ¿Se da en la progresión de su teatro una tendencia identificable, por ejemplo, de más a menos personajes? En relación con estas preguntas no tengo de momento una respuesta clara, que puede venir unida a un estudio completo de la segmentación en un amplio corpus del autor.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- No me vas a negar que eres de Ávila. Y que hay incluso motivaciones familiares para acercarte a La Aldehuela. ¿Con qué ojos miras aquella aldea tras el trabajo realizado?
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RICARDO SERRANO.- Más que de Ávila, casi de La Aldehuela para los efectos. Mi padre nació en La Lastra del Cano, a un tiro de piedra de La Aldehuela, y para nosotros, de pequeños, La Aldehuela ha sido siempre "el pueblo", o sea, que éramos un poco de pueblo, un poco de allí. De modo que, cuando descubrí el título de la comedia, no paré hasta dar con el cómo, dónde, por qué, y hasta dar con la verdadera María, más allá de una ambigua molinera medio refrán del "mal hay", medio Sombrero de tres picos que había perdurado entre las nieblas de la memoria colectiva del pueblo.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- Hay en la comedia bellas canciones campesinas. ¿Sigue alguna de ellas viva en la tradición popular de tu tierra o Lope de Vega las inventó del principio al final? Esas cancioncillas son una verdadera delicia.
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RICARDO SERRANO.- No, no han quedado en la memoria del pueblo, porque no son de allí. Mi abuela se sabía todas las canciones de la zona y, buscando en el recuerdo, no caso ninguna con las de la comedia. Realmente las canciones son anteriores a Lope y se encuentran en muchos cancioneros y en muchos lugares de España.
Ahora, que Lope les da nueva vida, ya lo creo, empezando por la primera alborada, que se pega al terreno real del molino como si hubiera sido creada allí mismo. El molino, por cierto, que son en realidad varios, existe, y en pasable estado de conservación como puede apreciarse en la portada de la edición. Y existe también, no lejos de allí, la ermita, aunque la actual es una reedificación sobre las ruinas de la que conociera Lope.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- El choque de dos modos de vida, el noble y el campesino, con el horror inherente a aquel “ejercicio de amor” y la reacción tardía de la duquesa, se soluciona entre los trazos amables, jugosos, humanos, de esos campesinos abulenses. Coméntamelo si no te importa.
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RICARDO SERRANO.- Es cierto que ese choque social en el amor es brutal, como lo sigue siendo ahora, pero más. Ahora bien, estamos ante un texto tan particular que hasta logró sorprender a Menéndez Pelayo, quien tilda la comedia, benévolo, de "inmoralidad candorosa", de "naturalismo antiguo" y de "ingenuidad de sentimiento". En efecto, se trata de una obra donde los personajes, inmersos en ese lugar ameno-retirado del molino, asumen una libertad amorosa considerable.
¿La duquesa? Sí, recupera el comportamiento estereotipado de su estamento, pero este queda barrido por el vendaval de Fernando, hijo del duque y de la molinera, y por el gracioso Nuflo que le compaña.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- La figura de María y la honda y auténtica pasión del duque no logran romper las fronteras de una relación social inaceptable para nosotros... Y posiblemente para la masa de espectadores del siglo XVII. ¿No te alteró el pulso el tener que describir la calculada, precisa, feroz y, al mismo tiempo, entrañable figura del duque de Alba?
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RICARDO SERRANO.- La obra, con un pragmatismo a toda prueba, hace las paces con la realidad y deja las cosas donde pueden estar: esto para el amor, esto para los campesinos maldicientes, esto para las formas de la sociedad estamental. Triunfen las formas pero dejen en paz al amor, que es otra cosa... y ya veremos al final quién gana la partida, que uno aquí, con sus sesenta y pico, empieza a tener la confirmación flagrante de que las formas, formas son y que la vida está ailleurs, bien ailleurs.
En cuanto al duque de Alba, fue un hombre de su tiempo, y el tiempo fue de los más difíciles de la historia de Europa. Un hombre de acción, de acuerdo, pero con una cultura humanística detrás que bien pocos poseían en el siglo. Comparemos patatas con cebollas, que a veces hay que hacerlo: yo estoy por asegurar que ninguno de los militares de las invasiones salvajes a que nos tiene acostumbrados muestro propio tiempo posee la envergadura política que tuvo el Gran Duque, y que la guerra sucia que este practicó sale inmaculada al compararla con cualquiera de los casos actuales. No, Henry Kamen no se equivocó al dedicarle su mejor monografía.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- ¿Es Fernando el resultado que viene a destruir lo que de socialmente tiene de inaceptable la actuación del duque?
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RICARDO SERRANO.- Fernando es el hijo de su padre, pero un hijo especial porque es bastardo, y esto significa, primero, que tiene que ganarse su puesto por su propio valor; segundo, que, haga lo que haga, será siempre el hijo de la molinera.
Y la gran inteligencia del muchacho, su gran valor también, es asumir ese hecho como algo que le honra, porque, al demostrar su valor en Mons, demuestra no sólo el valor de un hijo del duque de Alba sino, sobre todo, el valor de un hijo de la molinera de La Aldehuela, de un hijo del pueblo.
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ALFREDO HERMENEGILDO.- Ahora ya me quedo tranquilo. Estas disquisiciones sobre la comedia de Lope me parecían necesarias. Se adaptan muy bien al marco de nuestros diálogos y ofrecen, creo yo, una serie de pistas útiles para leer tu edición y para comprender mejor una comedia lopesca que, si no está en el cénit de su obra, sí abre caminos útiles para comprender mejor la inserción de una aventura aristocrática en la carne y la sangre del pueblo castellano. En este caso, de tu tierra, Ricardo.
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